EN ANTOJO DE ESCRIBIR

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La cueva de los Tayos (Ecuador)

jueves, 19 de junio de 2025

Prólogo novela Simulación Fatal de Máximo Ortega. Por Iván Rodrigo Mendizábal, Ph D. UASB

Una novela distinta: El crimen ha sido y será siempre uno de los asuntos que la literatura tratará. Desde antes, el hecho de transgredir y, con ello, llegar a un extremo ominoso, que es el acto de matar, ha permeado también las tramas de muchos relatos. Quizá el más temprano, es el de Caín y Abel y el ocultamiento del crimen por parte de uno de ellos. El más reciente… Se podría decir que a diario escuchamos historias, ya sea desde los medios de comunicación –sin descontar lo que se publica real o tendenciosamente en las redes sociales–, o desde lo que comentan diversidad de personas, acerca de hechos que, en efecto, bordean lo criminal. Una cosa es tramar y ejecutar en la realidad un acto; esto estará siempre del lado de la conciencia criminal en sí. Y otra, es narrar y hacer que el hecho, por más oscuro y horroroso que sea, llegue a la conciencia de quien sea, más aún lectores interesados en la literatura que tiene que ver con lo policial o lo criminal. Sea que se publique en diarios o en redes sociales, o que se manifieste en tertulias en las que se trataría de conjurar el bien, el hilo del relato acerca del mal será el que convoque. Qué mejor manera si un escritor especialista, un literato, nos emplaza a discurrir y quizá meditar acerca del mal. Máximo Ortega Vintimilla, abogado ecuatoriano, especialista en criminología, es un ejemplo y su nueva novela, Simulación fatal (2022) lo demuestra. Esta ha inaugurado la serie de literatura criminológica del Grupo Editorial ONI, en alianza con Puma Editores, instituciones del mercado editorial ecuatoriano que pretenden abrir un camino para que juristas e interesados en las tramas del mal también puedan publicar sus obras literarias. Desde ya en la historia de la literatura ecuatoriana hubo jurisconsultos que también se dedicaron a la literatura, aunque no necesariamente hayan explorado la relación entre literatura y criminología como es el caso del autor y su Simulación fatal. Aunque esto tampoco quiera decir que en el país no exista literatura policial. Lo que Ortega Vintimilla nos propone –y la segunda edición de su novela es el testimonio de que hay lectores invocan temáticas y profundizar géneros interesantes de la literatura– va desde el terreno de la novela criminológica, esa que tendría que ver con los prolegómenos de lo que podría una conducta delictiva. La ficción criminológica pertenece a un amplio espectro literario que se conoce la literatura policial, para unos, o el género negro. Creo que no resolveremos sus tensiones, a sabiendas que en lo policial habría un detective o unos policías resolviendo algún caso criminal, y en el género negro, más allá de un detective o unos policías –que igualmente tendrían o podrían aparecer–, el motivo central de la narrativa sería la misma conciencia de quien transgrede o comete un acto criminal, hecho que le puede llevar a horizontes impensados. Simulación fatal quizá no toma mucho de lo policial, tampoco del género negro. Y esa es su virtud, pues lo que tenemos en manos es una novela que podría describir modos de existir, modos de salir de los embrollos para sobrevivir cada día, modos de aprovechar la debilidad de los otros. Tampoco tiene que ver con lo costumbrista ni con el realismo, sea social ni sucio. El hecho radica en el que Ortega Vintimilla, con una destreza única, nos lleva a vivenciar si no uno, al menos algunos comportamientos que moralmente sí tienen que ver con lo delictivo y que deriva, dependiendo de cómo descubramos la trama tejida por el autor, en lo criminológico. Si el mal es el trasunto que enhebra todo comportamiento que pretende transgredir lo normal, lo establecido, lo convenido, Simulación fatal está mostrando siempre actos, conductas, hechos, incluso diálogos que nos hacen pensar si son o no cuestiones de índole delictiva. Y como está direccionada a lectores a los que se pretende motivar su conciencia moral, y a la misma sociedad que muchas veces se ha acostumbrado acríticamente a los actos delictivos como cosa natural, es para que pensemos, desde el lado jurídico, si lo representado tiene que ver con lo criminal, esto es, con algo que proscribe toda ley. ¿Dónde está el bien que hace que seamos personas, es decir, dignos? ¿Dónde está el mal que lleva a que de pronto, por un propósito, se busque el desvío llevando a cometer algún delito que pronto podrá ser considerado un crimen? No trataré de descifrar lo que está en la trama de la novela de Ortega Vintimilla, peor adelantar los finos hilos que la tejen. Pero sí constatar que el autor bebe si bien de las vertientes del género negro norteamericano, sobre todo de las enseñanzas de la escritora Patricia Highsmith, porque en su novela hay mucho de juegos y justificaciones psicológicas, al igual que aspectos concernientes a lo social, es decir, a cómo los personajes, considerando las debilidades y las potencialidades de otros personajes, tratan de sonsacar provecho. No quiero decir con ello que el autor la imita, pero sí manifestar que de ella obtiene lo que luego Ortega Vintimilla convierte en algo fundamental en su novela. Así, Highsmith hace que empaticemos con sus personajes, algunos más malvados que otros, para que luego tomemos distancia de ellos. El autor de Simulación fatal hace que miremos el mundo de lo suburbano como si fuera algo familiar, pero también algo extraño, una especie de corretear a comprender las motivaciones de quien o quienes hacen cosas no meditadas, tratando de salir de las condiciones en las que podrían estar, para que pronto nos demos cuenta de que, aunque estén pensando servir al bien, también pueden estar poniendo alfombra roja al mal. Nosotros nos damos cuenta de ello y, aunque inquirimos que eso se denuncie, al mismo tiempo sabemos, pero no justificamos de los conflictos derivados de las conductas de cada uno. Está claro que nadie, a menos que el relativismo le lleve a caminos impensados, deba justificar el crimen de la trata de personas; sin embargo, tenemos conciencia que pese a denunciarlo, el mal como una determinación mayor, puede cortar los hilos de las existencias más sanas dejando el camino abierto a individuos más abyectos. El título, quizá, en este sentido, nos abre inquietantes interrogantes, los que naturalmente dejamos a los lectores. Y con estas últimas premisas en general aplaudimos esta nueva novela del Máximo Ortega Vintimilla. De él conocemos Gigantescos elefantes dormidos, El hombre que pintaba mariposas muertas, El arcoíris del tiempo, entre otros libros. Simulación fatal es una propuesta novedosa para los tiempos actuales.

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